Cuando escribi
Fortuna, ya salieron a comentar que no hacía más que pensar en sus cabellos rubios. Sin embargo, me parece que hay algo que se están perdiendo por ver el árbol y olvidarse del bosque.
Cualquiera cree en la irracionalidad de raíz de dos o en la "
Ley de la conservación de la energía", pero hacer un alto en el camino y defender las profecías de
Nostradamus o
Parravicini abiertamente exige un esfuerzo que va más allá de lo lógico.
Es fácil sentirse seguro en el sendero donde la mayor
equivocación surge de una
división por cero. Sin embargo, ver el futuro de Versalles en una taza con agua es algo que debe despertar nuestra admiración. Casi igual de difícil es lograr que la desconfianza no se abra paso frente a esas revelaciones: ya se sabe que el arte de la adivinación se ha
llenado de chantas.
Últimamente, vengo dejando de lado las certezas de mi escepticismo científico y tecnológico para empezar a creer en todo tipo de fenómenos mágicos. Mi nueva fe comienza con las ilusiones de
David Copperfield y su magia para levantársela a
Claudia Schiffer (
diosa total y rubia, con esa foto le entrego el mundo) y llega hasta terrenos menos sólidos como el horóscopo del diario, las sesiones de psicoanálisis o la permanencia del Club Atlético Talleres en la Nacional B.
Comerse la galletita (
de la fortuna) y esperar ansiosos la revelación de nuestros destinos en el papelito que esconde dentro no deben significar una renuncia al libre albedrío. La sentencia en ese papel dice cómo resultarán las cosas, no cómo haremos para que así resulten. No falta el caso de los tipos que tras revelárseles la paternidad de dos hijos en una sesión de
quiromancia, salen a practicar el sexo descontrolado porque ya saben cuántos óvulos dejarán fecundos.
Así como ayer las madres idígenas concurría con sus hijos hasta la choza del
curandero, hoy lo llevan al consultorio del
pediatra y el niño se comporta como un verdadero indio rompiendo todo lo que encuentra a su alrededor o meando la cara del médico. Cuando cualquier maya hubiera hecho un sacrificio al dios de la lluvia para que riegue sus plantas, un sanjuanino de nuestros días piensa en el ciclo del agua y la permanencia de ésta en su estado gaseoso.
La magia surge como una explicación a los
fenómenos que no entendemos. Todas las formas de adivinación apuntan a lo mismo: darnos una luz de esperanza frente a la incertidumbre del futuro.
Así como cualquier estudiante de Física es capaz de predecir la
posición de un objeto dadas su posición y velocidad actual, un astrólogo puede escribir una
carta natal con la fecha y hora de nuestro nacimiento y un psicólogo, trazar los rasgos de una personalidad según los
colores que elige el paciente.
A lo largo de la historia el hombre ha buscado un camino firme, un lugar para pisar sin temor a equivocaciones. Yo quiero creer que somos los dueños y artífices de nuestro propio destino, que construimos lo que nos pasa. Pero también sostengo que hay un orden trazado en el cielo donde los
ángeles disputan al
dominó el rumbo de nuestros días.