lunes, 16 de junio de 2008

Protestas

Habiendo compartido aquel terror
habiendo convivido en esa desolación total
ya no es necesario más...


Hace un par de días, me llegó un mail invitando al cacerolazo, bocinazo, apagón de esta noche, así que cuando en el centro me crucé con un grupo de gente que sacudía cucharas de maderas contra fondos de ollas abolladas, no quedé desconcertado. De repente, un estruendo de bocinas destruía la tranquilidad que me dejaba escuchar "Nuevos trapos".

En la esquina de Chacabuco y Bv. San Juan, un señor cincuentón con pantalón de vestir, camisa y pulover escote en V, tocó su trompeta de cancha de fútbol cuatro o cinco veces y volvió a subir a su casa. Me imagino que su conciencia quedaba tranquila tras semejante contribución a la resolución del problema nacional que hoy vivimos. En la vereda del frente una pareja se besaba ajena a todo conflicto.

Yo hice mi protesta en silencio, con las luces del balcón encendidas y con las ollas en la alacena. Supongo que entre tanto barullo, el mensaje de los que pretendemos conservar la estabilidad institucional pasa inadvertido.

La silbatina universa (Alejandro Dolina)

El viejo proyecto de Héctor Scarpa -ya mencionado otras veces en estas notas- consistía en establecer un día, una hora exacta, un instante preciso en que todos los habitantes del mundo silbaran a las estrellas para indicar su disconformidad con el universo.

En este sueño consumió su vida. Realizó giras, imprimió folletos, entrevistó a dirigentes políticos, solventó campañas publicitarias y -dentro de sus cortas posibilidades- recorrió el mundo.

Algunos ensayos parciales no estuvieron mal. Pero al llegar el gran día, apenas si se escucharon algunos chiflidos de sus amigos y familiares. Muchos testigos aseguran que desde el norte llegó el eco de algunos aplausos.

Ya en plena decadencia, Scarpa recorría las calles solitarias abucheando amaneceres o burlándose de la Cruz del Sur, que lo exasperaba con su sangre de pato.

De alguien que comentó en la página de La Voz del Interior.

No te oí... En los días del silencio atronador. No te oí junto a las madres del dolor, no sonaste ni de lejos, por los chicos, por los viejos olvidados. No te oí... Puede ser que ya no estoy oyendo bien, pero al borde de las rutas de Neuquén, no te oí mientras mataban por la espalda a mi maestro. Y entre nuestros cantos desaparecidos yo jamás oí el sonido de tu tapa resistente, que resiste comprender que hay tanta gente que en sus pobres recipientes sólo guarda una ilusión. Cacerola de teflón, volvé al estante, que la calle es de las ollas militantes, con valiente aroma de olla popular. Cacerola de teflón, a los bazares o a sonar con los tambores militares como tantas veces te escuché sonar. No te oí... cuando el ruido de las fábricas paró, cuando abril su mar de lágrimas llenó. No te oí con los parientes del diciembre adolescente, asfixiado. No te oí. Puede ser que mis oídos oigan mal, pero no escuché en la exposición rural, reclamar por el jornal de los peones yerbateros, por la rentabilidad de los obreros, por el tiempo venidero, porque venga para todos. No te oí ni te oiré porque no hay modo de juntar tu avaro codo con mi abierto corazón. Cacerola de teflón, volvé al estante de los muebles de las casas elegantes que las cocineras te van a extrañar. Cacerola de teflón, a los bazares o a sonar en los conciertos liberales como tantas veces te escuché sonar. No te oí en el puente de Kosteki y Santillán No te oí por el ingenio en Tucumán. No te oí en los desalojos ni en los barrios inundados de este lado. No te oí, en la esquina de Rosario que estalló Cuando el ángel de la bici se calló y sus ángeles pequeños se quedaron sin comida. Y jamás te oí en la vida repicar desde acá abajo por un joven sin trabajo, a la deriva. Debe ser que desde arriba, desde los pisos más altos no se ve nunca el espanto y las heridas. Cacerola de teflón, volvé al estante. Yo me quedo en una marcha de estudiantes donde vos nunca supiste resonar. Cacerola de teflón, a los bazares o a llenarte de los más ricos manjares que en la calle no se suelen encontrar. Cacerola de teflón, andá a c... ocinar.

3 comentarios:

Alejandra Cuestas dijo...

Lo quiero, Tux, viejo amigo
(érase una vez sugus)

AGP dijo...

Un genio el k comento eso en la Voz del Interior.Me encanto!

Anthony dijo...

Muy bueno el post, como siempre. El texto es de una canción de Copani, por si lo querías escuchar con música y todo :)

http://youtube.com/watch?v=tZemS_7eVNY